Hoy las casas están cerradas y los vecinos ya se han ido.
Aunque pensándolo bien, nadie se va si
alguien le recuerda y al menos yo llevaré a los vecinos de la Estepa de San Juan siempre
conmigo. Hoy me gustaría recordar a algunos de ellos a quienes conocí desde niña.
Empezaré por la parte alta del pueblo, por el llamado Camino
de Cuellar. Junto a las eras estaba la casa de Antonio. Su mujer se llamaba
Ascensión y era de Ventosa. Tardaron en irse del pueblo. Tenían cuatro hijos
Mari Carmen, Carmelo, Elisa y Magdalena. Siempre que iba al pueblo era la
primera persona y a veces la única que me encontraba…. Pero un día ya no
estaba. Ese día fue cuando comprendí que aquello estaba acabando.
También estaba la casa de Benito y su mujer, Paca. Pasaban poco tiempo en el pueblo pues él era secretario. Murieron
ya hace más de 50 años tuvieron familia numerosa. No sé si me acordaré de todos
los nombres: Victorina, Dominica, Faustina, Justo, Domiciano, Félix y Esteban. Todos marcharon fuera del pueblo
menos sus dos hijas Vitorina y Dominica. Domiciana estaba en el pueblo de una
manera intermitente. Escribía unas preciosas poesías; no sé lo que habrá sido
de ellas.
La casa de al lado estaba ocupada por Vitorina y su marido
Casto, que era de Cuellar. Es una casa muy grande y con escudo, pues había
pertenecido algún rico ganadero de la Mesta.
Sus hijos Felisa, Julia, Victorino y Pilar también
emigraron y, qué casualidad, algún
biznieto ha llegado a ser alumno mío. Tengo el recuerdo de Casto en las crudas mañanas de
invierno cubierto con su hongarina cuando bajaba con sus animales camino de la
dehesa.
Llegamos a la escuela y nos encontramos con la casa del Tío
Pedro, casado con Práxedes, nacida también en el pueblo. También familia
numerosa. Inés, Adoración, Evaristo, Marivi, Palmira, Tomás Epifanio y Ventura. Vivían en una casa pequeña
pero muy acogedora, luego se cambiaron a la casa del cura que era muy grande y
con el pequeño jardín donde la tía Práxedes cuidaba de sus rosales.
En la Calle
de en Medio (prácticamente la única del pueblo), estaba la casa de Enrique
y Matilde. En este caso los dos habían nacido allí. Al lado estaba la
casa de Basilisa (yo nunca la conocí habitada). Matilde
tenía allí un precioso jardín. De sus hijos Rufino, Ovidio, Flora y Rosa me
acuerdo especialmente de esta última, pues era de mi edad más o menos y murió
muy joven
Cerca de la anterior estaba la casa de Damiana, casada con
Agustín de Torre Arévalo. Era una casa con un corral muy grande y me acuerdo
del pequeño huerto en el que crecía un enorme manzano. Ahora y sin que se
entere nadie lo digo: mi amiga y yo cuando todo el mundo estaba en las eras
trepábamos al árbol y robábamos una de esas apetecibles manzanas. Sus hijos Julián, Liria y Amelia conservan la casona. Un
hijo de más o menos mi edad murió de pequeño, se llamaba, creo, José María. En la
casa vivía con la familia Lucía una hermana de Damiana, mujer entrañable. Recuerdo
especialmente a Damiana con mi madre en
el horno, pues les tocaba la vez de cocer el pan el mismo día a las dos
familias y la costumbre que tenía esta
buena vecina era que cuando terminaba de dar el aceite a las deliciosas tortas,
lo que quedaba en sus manos lo aplicaba a mi pelo para que quedara sedoso….
Casi enfrente estaba la casa de Florencio casado primero con María que
debió morir muy joven y con la que tenía un hijo, Saturnino, que junto con mi tío
Isidoro, al que se le murió el padre muy pronto, se fueron desde muy jovencitos
a Sevilla. Casó mas tarde con Isabel y su hijo Jesús también se marchó muy
joven. Su hijo Eusebio permaneció más tiempo en el pueblo, pero al final, como
todos, también emigró. La casa de Florencio es a la primera que llegó el primer
medio de comunicación sonoro: la radio.
Un día de Carnaval en el que los mozos y mozas se habían ido
a pedir la gallofa a otros pueblos cercanos llegó de Soria un señor alto y
flaco con una enorme caja en su coche. El hombre flaco se llamaba Vicen Vila y
en la caja llevaba algo que a mi amiga y a mi nos hizo pensar… llegó a la casa, abrió la caja, saco un
aparato y con un cordón de plástico lo unió en la pared a una cosita redonda
que previamente había colocado y ¡OH! Sorpresa. Allí dentro debía haber alguien
escondido que hablaba y cantaba. Disimuladamente dábamos la vuelta a la silla
por si descubríamos a alguien que
hiciera esas maravillas… y nos fuimos a casa sin haber descubierto nada de nada.
Quién me iba a decir que hoy estaría metida en facebook o tendría un blog. Todo eso vino mucho después…
Y bajando la calle del camino de Castilfrio llegamos a la
casa más querida para mí, la casa de mi abuela Juliana. Un día hablaré de ella
pues recuerdo nítidamente cada rincón de la casa, la majada, el corral, el pequeño huertecillo.
Tantos son mis recuerdos de ella que no cabrían en un gran libro, pero os
contaré los más bellos que tengo de ella.
Mi abuelo murió cuando mi madre tenía cinco años y volvió a
casarse con mi segundo abuelo, Crisofro, del que guardo preciosos recuerdos a
pesar que murió cuando yo tenía 7 añitos.
Además de su hermano Isidoro, mi madre tuvo otras dos
hermanas de mi segundo abuelo: Remedios y Amparo. Amparo se casó con el tío
Felipe de Arévalo y sus hijas María Ángeles y Rosario se fueron jóvenes a
Barcelona. Mi prima Angelines, bueno casi mi hermana, era mi compañera
de juegos en casa de la abuela…. Y ya se ha ido también…. La tía Remedios se casó con Manolo de Fuentelsaz. Todavía me
acuerdo de su boda en casa de la abuela. Sus hijos son Laureano y Pilar y voy a
nombrar a su nieto que es un gran músico que llegará lejos.
Al lado estaba la casa del Plácido y de Trine que tuvieron
tres hijos Conce, Teresa y Jesús. En esta casa con el nacimiento de Teresa
asistí al último bautizo que recuerdo en el pueblo y la verdad es que no
tuvimos que cantar aquello de bautizo..."si cojo al chiquillo lo tiro al
tejao,..." porque fue verdaderamente esplendido.
Con Plácido tuve contacto casi hasta el final de sus días
pues fue a vivir a mi pueblo adoptivo donde todo el mundo lo quería por su
bondad. La casa de Trine ya no existe. En su lugar hay un coqueto chalet.
Y al lado está la casa del tío Patricio de Narros, casado
con Higinia y con familia numerosa Laurentino, Dionisio, Faustino, Avelino,
José mi amigo de la infancia, Marta y Felisa. Me acuerdo de Laurentino que trabajaba en la “mina” y que
quizá fuera el primer “mozo” que marchó del pueblo.
Y si damos la vuelta por el camino de la dehesa y allí
encontramos la casa de Benito casado con
Felipa de Ventosa. Era un matrimonio simpático y bueno. Con el tío Benito
la relación era de familia, de siempre lo conocí cuidando las ovejas de mi
padre, abuelos y tíos y por ello presente en todas las matanzas y fiestas de la
familia. En el portal de su casa estaba el cuartel general de la “espera” de
las ovejas que venían por la Calle Sendero
o por el camino de La Fuente Vieja.
Allí se contaban las noticias, si es que las había, del pueblo y de los
alrededores. Los niños nos portábamos muy bien pues la reunión la presidía Camilo que con el movimiento de su garrocha nos invitaba a estar calladitos. Sus
hijos Manolo y Eugenio marcharon jóvenes, pero Ricardo permaneció mucho tiempó,
fundo su familia con Julia de Ventosa y gracias a sus dos hijos el pueblo
sigue” abierto”.
Todavía algún resto del Juego Pelota que fue durante años el lugar no solo en el que se practicaba este juego, además allí se jugaba a la tanguilla, los niños a la pelota, a las canicas, a la comba… y en las fiestas el pueblo se bailaba. En estos bailes tocaba “la gran orquesta” formada por los músicos de que venían de San Pedro. Cerca del Juego Pelota estaba la casa de Camilo, el de la garrocha y su mujer Eduvigis. Tenía dos hijos, Matilde y Saturio. Este último vivía en Barcelona y la tía Eduvigis viajaba a verle a menudo y venía peinada con la “permanente” pues creo que su nuera era peluquera y a todos nos parecía muy moderna y guapa.
En la fachada de la casa crecía una parra y cosa extraña en
nuestro clima las uvas maduraban y no quiero delatar a nadie, pero yo sé quien
las acababa “vendimiando”
Al lado estaba la casa de Vitor y de la Cirila. Cirila estaba muy sorda
pero era una buenísima mujer. Mi amiga y yo pasábamos muchos ratos con ella y
nos contaba muchas historias. Sus hijos fueron María, Petra y Carlos. Todos también
emigraron, primero Petra hacia el Levante. Como había mucha amistad entre esta
familia y la mía, cuando ella venía al pueblo me tría unos pequeños porrones o
botijos de cerámica valenciana con dibujos de barracas y llenos de anisillos.
Todavía creo se conservo alguno en casa, como también conservo aun la
fotografía de su primer hijo. Pero no los he vuelto a ver. Fue también el primer matrimonio que se fue del pueblo
siendo yo niña. Y conservo nítidamente en mí mente, a pesar del tiempo
trascurrido, como fue la despedida.
Era un día de carnaval pues me acuerdo que había baile y las
mozas llevaban pañuelos muy bonitos y en algún momento se hizo el silencio. Vitor,
muy solemne él, se subió a su casa y desde la ventana se despidió de los
vecinos, pues había decidido irse a Barcelona con sus hijos… No quiero recordar
las tristeza que invadió a todos incluidos los más pequeños pues se intuía lo
que inexorablemente era la primera
despedida pero no la última.
Y al lado de la fuente estaba la casa de Saturio y de
Engracia. Es una casa muy grande. Engracia era hija German que era
viudo de Juliana. Me acuerdo de éste porque murió cuando yo tenía unos
cinco años y recuerdo ir a acompañar a mi madre a dar el pésame a su familia y se me quedó grabado en
mi memoria el cuadro que había en la cabecera de la cama. Los hijos de Germán creo que eran Constantino,
Engracia, Trini, Santiago, Herminia, Juan que debió de morir joven y Regina que
era monja y que yo creo que no conocí. Con ellos vivía Pura que cuidó siempre
de los hijos de German, que era una mujer buena y trabajadora.
Saturio y Engracia tuvieron varios hijos María Jesús,
Germán, Lorenzo y José Maria, este último es uno de los que también mantiene de
momento el pueblo abierto. Gracias por ello.
Y al lado de la
Plaza y la fuente, la casa de Jacinto y Saturnina, mis padres
Y que decir de ellos…. Buenos, trabajadores en exceso y amantes como todos en
el pueblo de la cultura y del porvenir de sus hijos. Gracias a ellos y a los demás vecinos porque fueron ejemplo
para todos sus descendientes, pues a pesar del frío, de la aridez y de la pobreza de la tierra fueron ejemplo con
su abnegado trabajo para sacar a todos los jóvenes adelante. Un recuerdo lleno
de amor para ellos.
La casa de Nicanora e Isidro al que yo no conocí, también esta
cerca de la fuente. Nicanora tenía tres hijos Nicanor, Carlos e Isabel.
Los dos primeros se fueron a Sevilla y recuerdo los veranos que veían las hijas
de Carlos, Mari Carmen, Pilar y Reyes y al son de una gramola bailaban sevillanas. Isabel casó con Nemesio. Sus hijos fueron Aurora, Rosi,
Pilar, Marina, Isidra, Isabel, Tere e Isidro. Isabel vivió durante cien años y
es de las personas que más tiempo resistió en el pueblo.
Y al lado de mi casa estaba la casa del tío Santiago. Su
mujer debió de morir muy joven. Tenía tres hijos Asunción, que fue la que más
tiempo vivió en el pueblo, Rosario y Marcelino. Era una casa que por su buena
situación le daba mucho el sol y allí se juntaban las vecinas a coser incluso
en los días fríos del invierno.
Hacia la carretera estaban las casas de Benito y Felipa. De
sus hijos Aureliana, Luisa Emiliana, Felipe y Paquita, me acuerdo especialmente
de Felipe porque era el sacristán. A Felipe le acompañábamos los niños a tocar
las campanas. Acompañarlo a la torre de la iglesia nos pareció siempre un
privilegio. Tocaba las campañas tres veces al día: al alba, al medio día y
por la noche, el Ángelus. Todavía
recuerdo por la noche cuando tocaba a la
oración las gentes con gran respeto se arrodillaban, los hombres se quitaban la
gorra y los niños admirábamos el silencio. De esto hace solo setenta años
Como a Felipe le ayudábamos a rezar el rosario, en Navidad
nos premiaba con el aguinaldo. También me acuerdo de Paquita, que murió muy jovencita,
cantaba muy bien y nos enseñaba bellas melodías
Al lado estaba la casa de Eulalio y Dominica. Era un poco mi
casa pues en ella vivía mi amiga y como allí eran muchos hermanos no me tenía
que invitar para quedarme incluso a dormir. Me acuerdo especialmente de Amador que se fue muy Joven,
de Amor que nos enseñaba a rezar, de Eulalia, Virginia, Benito, Paco, Josefina
y dejo para el final a mi amiga del alma, María Jesús.
Mi amiga era la compañera de correrías, de ir a coger moras,
endrinas, bizcobas, de trepar por los árboles para ver que había en los nidos,
pero nunca los estropeábamos, de imaginarnos fantasmas que venían por el camino
de Valtajeros, de invitarnos a las matanzas, esquilos y toda clase de
celebraciones en cada una de nuestras casas, de ir a “robar” ciruelas,
manzanas, y los brotes de la berza en las huertas, de buscar makuqueles en la
dehesa y también de enfadarnos de tal
manera que nos jurábamos odio eterno, eternidad que no duraba mas de cinco
minutos.
También buscábamos caracoles, hacíamos obras de arte con las
hojas de las acacias, vestíamos las muñecas de trapo porque nunca tuvimos de
las otras. Y miles de recuerdos más que en mi mente figuran como si fueran de
ayer.
Y cerca de la iglesia la casa de Vitoria que vivió muchos
años en Sevilla casada con Ignacio. Tuvieron un hijo, Laureano, que estuvo en la división azul, murió muy joven.
Su novia se llamaba Eloísa y a ella debo mi nombre.
Al lado estaba la casa de Vitoriana casada con Bienvenido.
Emigraron muy pronto a Bilbao y más tarde a Sevilla. Sus hijos eran Pepe,
Venancio y Nati. De ellos me acuerdo aunque yo era muy pequeña. Lo pasábamos muy
bien en las celebraciones en la casa de los abuelos de Ventosa.
Creo que no me olvidado de nadie……Y desde aquí a los que ya
no están y a los que andan repartidos en los más diversos lugares les envío un
abrazo muy fuerte.



Me admira tu memoria pero más me admira el amor a tu tierra y a sus gentes. No se la razón, pero a medida que nos hacemos mayores más nos llama la tierra que nos vio nacer y sus vecinos, máxime si esas personas son nuestros ancestros.
ResponderEliminarA mi, nacido en un pueblecito de la comarca de Molina de Aragón es lo que me pasa y lo que siento.
Un abrazo.
Me admira tu memoria pero más me admira el amor a tu tierra y a sus gentes. No se la razón, pero a medida que nos hacemos mayores más nos llama la tierra que nos vio nacer y sus vecinos, máxime si esas personas son nuestros ancestros.
ResponderEliminarA mi, nacido en un pueblecito de la comarca de Molina de Aragón es lo que me pasa y lo que siento.
Un abrazo.
Me ha interesado mucho recorrer a través de tus palabras escenas y anécdotas muy parecidas a las de mi pueblo y mi propia infancia, todo contado con sencillez y buen gusto. Felicidades por tu blog
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