Visitas

sábado, 5 de agosto de 2017

Quitameriendas (2ª Parte). Un día de trilla



Ya están los trigos, cebadadas y demás cereales en las eras...

Las eras eran terrenos empedrados que a lo largo del tiempo se habían cubierto de vegetación y que, lo mismo que los prados, se segaban para poder alimentar al ganado con su forraje. Estaban situadas en lo alto del pueblo o en lugares en los que corría bien el aire para facilitar el “aventado de las mieses”.

En la Estepa, las eras se distribuían en diferentes lugares del pueblo. El viento siempre soplaba de un lado o de otro. Había eras en el camino de Cuéllar, debajo del Manjirón, al lado de la casa de Campo Alto, al lado de la iglesia y en la parte más baja del pueblo estaban las eras del camino del lavadero a un lado y a otro de dicho camino más conocido con el nombre de la Fuente Vieja. Por último, estaban las situadas cerca del camino de Castilfrío. Cerca de las eras estaban los pajares para almacenar la paja que servía de sustento a los animales durante el invierno.
Los carros se descargaban en las eras y los haces se colocaban en las hacinas que tenían la forma de troncos de pirámide, es decir, más haces en la base para ir poco a poco diminuyendo a medida que crecían en altura. Las hacinas mas grandes eran las de trigo, luego estaban las de la cebada temprana y tardía. La avena se echaba directamente a la parva porque se cosechaba en poca cantidad.
Una criba (redonda), hoces de distintos tamaños y horca

Lo primero que se  trillaba eran los yeros (una especie de legumbre para los animales) y las lentejas. Al estar muy secas, sus gavillas se separaban muy rápidamente los tallos de las vainas. Los tallos formaban las granzas (un residuo de cereales cuando se avientan y criban) que también servían para alimentar a los ganados.

Y ¿cómo se empezaba la trilla? Se desataban los fajos quitándoles el bálago (una especia de cuerda que se hacia con el propio cereal) y se extendían bien por la era en forma de círculo formando la parva. Una vez extendidas las manadas (una manada es el trigo que se podía coger con una mano) se dejaba que el sol les diera un primer calentón.

En el pueblo se trillaba con trillos arrastrados casi siempre por el ganado caballar, en el caso de mi casa por mi yegua Castaña y algunas veces por la yunta de vacas, pero esto se hacía cuando la parva era muy grande.. Como cada vecino normalmente tenía únicamente una yegua, potra o caballo, se juntaban para formar una yunta, en nuestro caso siempre con mi tío Felipe. 

Como podéis ver abajo, el trillo era un artefacto, con forma rectangular un poco subido por la parte delantera para evitar se “arrollara” la míes La parte inferior estaba llena de piedras de sílex para cortar la paja con más facilidad.

Trillo con piedra de Sílex
 Vuelta y vuelta y más vueltas se iba separando el grano de la paja, Al terminar la mañana descansaban los animales y el personal. Se daba la décima vuelta a la parva con la horca, que podían ser de tres, cuatro o cinco brazos. Se dejaba tostar la mies con el calor del mediodía y después de la comida y un poco siesta, se regresaba de nuevo a la era. Enseguida se terminaba la tarea pues el calor del mediodía  hacia que la paja se separara más rápido del cereal. Y se terminaba la faena de la trilla. Sin embargo, a continuación venía una tarea más dura: recoger todo en un montón ayudados por palas, rastros, rastrillos, escobas... Y así comenzaba el aventado.

Y ahora ¿de dónde viene el viento? Los hombres se ponían a echar paletadas al aire, una, dos y mil hasta que en un  lado caía el grano y más lejos caía la paja. A pesar del esfuerzo, el grano todavía no estaba limpio así que había que cribarlo, tarea que muchas veces realizábamos los niños y niñas. Con la criba se colaban los restos de suciedad del trigo. Y vuelta a barrer, recoger y al final, con ayuda de la media fanega (ver la foto de abajo), se metía el tesoro en talegas que se amontonaban para cargarlas en la yegua y llevarlas al granero. El granero o “somero" estaba en la parte alta de las casas y los hombres subían las talegas cargadas a la espalda.




Media fanega

Y esto era un día de trilla… Aún faltaba la paja, pero este trabajo se dejaba para el día siguiente antes de salir el sol y que recogida en “lenzuelos” (especie de sábana con cuatro cuerdas en los picos) se llevaba al pajar. Y así un día y otro durante todo el mes de agosto, hasta que todo estaba guardado y bien guardado.

Y ya desiertas las eras de la mies empezaban a poblarse de las quitameriendas...

¿Nos damos cuenta del enorme trabajo que en una economía de subsistencia realizaron nuestros padres y abuelos?  Desde aquí nuestro recuerdo y admiración…

Aún así, hay que decir que a pesar el enorme esfuerzo siempre nos parecía peor no poder hacerlo. Algunos años, allá por el mes de julio, una tormenta maldita arrasaba las plantas machacándolas con el pedrisco. Entonces había que esperar a otro año…

Además, también había bonitos recuerdos sobre todo para los niños que iban montados en el trillo y quizás, con un poco de suerte, hasta nos dejaban conducirlo. Cada día de la trilla había además otra recompensa: la merienda. Todos se reunían alrededor de unas buenísimas tortillas y de lo que, desde el invierno, cuando se había realizado la matanza, iba quedando en las ollas de barro (lomo, chorizo, costillas). Algunas veces además teníamos la suerte de que la abuela había guisado en pepitoria el gallo más altivo del corral.

En aquella época no había Internet, ni Whatsapp, ni siquiera transistores, Se tenía en casa un aparato de radio y los niños éramos los encargados de comunicar a las mujeres como trascurría la radio-novela de Ama Rosa (que se estrenó en la Cadena Ser en 1959) y a las hombres las hazañas del gran héroe del ciclismo el genial Bahamontes.
Federico Martín Bahamontes
Y luego llegaron las segadoras, aventadoras…..cosechadoras y se acabó la magia  de nuestro mundo del campo, al mismo tiempo que se iniciaba la decadencia de nuestra tierra, porque sus hombres y mujeres iniciaron la marcha  hacia ¿una vida mejor? quizá no para ellos pero sí para sus hijos. Aquella tierra quedó triste y oscura como la de la canción.

Solo un milagro podrá cambiar esto pero… yo no creo en esos milagros

No hay comentarios:

Publicar un comentario