A La Estepa de San Juan acudía
mucha gente que no vivía en el pueblo. Nos visitaban a menudo y por eso los
considerábamos como si fueran vecinos. Hoy quiero recordar a algunos de ellos y
en particular a las personas que venían al pueblo por razón del oficio que
desempeñaban. Todas ellas dejaron en mi un excelente recuerdo.
Como estamos en medio de la
crisis del COVID-19, me gustaría rendir mi primer homenaje a los médicos de
pueblo. No solamente se ocupaban de los enfermos con dedicación sino que también
eran los encargados de vacunar y atender a los niños y a los más ancianos y
sobre todo de hablar con los vecinos de sus problemas y preocupaciones. Algunos
se convertían en consejeros y amigos. Bien por esos MÉDICOS DE PUEBLO.
Yo me acuerdo en especial del
doctor Llopis (no sé si ese era su nombre o era algún tipo de apodo). El doctor
vivía en Castilfrío, a unos pocos kilómetros de mi pueblo. Era un hombre muy
servicial. En una ocasión que estuve muy enferma, con 7 u 8 años, venía a verme
a diario y a ponerme las inyecciones. Le recuerdo hablando con mis padres en la
cocina. Hubo otros médicos antes y después pero era demasiado pequeña o ya me
había ido del pueblo. Recuerdo bien el día que inauguraron la casa del médico, muy
coqueta, a las afueras del pueblo de Castilfrío.
El médico se desplazaba caminando o en
caballería a cada pueblo. Cuando las condiciones climáticas eran adversas
porque llovía o nevaba era difícil atravesar los pequeños ríos que discurrían entre
ambas localidades, el río Canalón, el río Sotillo y el río de La
Viña. Este ultimo se desbordaba y era peligroso
atravesarlo. Mi abuela me contaba que la corriente había hecho desaparecer una
viña que se encontraba en sus márgenes.
Imagen de la que se cree que fue la primera médica rural, Concepción Criado
El veterinario nos visitaba desde
Oncala o Cirujales, no recuerdo bien. El veterinario era una figura importantísima
en La Estepa puesto que, aunque en el pueblo se trabajaba en el campo, la verdadera
riqueza era la ganadería. Cada familia tenía su rebaño de ovejas a las que
había que vacunar y tratar de sus enfermedades. Entre varios vecinos formaban
un rebaño y "ajustaban" al pastor, que acostumbraba a ser del pueblo,
a principios del verano, por San Pedro. Las ovejas parían cada año al menos un
cordero que luego se vendía para carne. Además, su lana se guardaba en grandes
vellones después del esquileo hasta que venían los laneros a comprarla.
En cada casa había también un
caballo o yegua. En casa teníamos la yegua Castaña (de la que ya os he hablado en un post anterior) que cada año paría un
potrillo y que se vendía en la feria de septiembre. También había vacas,
novillos, jotillos… Las vacas además de hacer labores del campo tenían sus
terneros que se vendían para carne. Por todas estas razones, entenderéis que la
figura del veterinario fuera tan importante.
En ningún pueblo faltaba la
presencia de un sacerdote. También de Castilfrio, venía Don Lorenzo que fue
quien casó a mis padres, bautizó a sus hijos, enterró a dos hermanos mios pequeñitos
y dio la comunión a mis todos hermanos aunque no a mi pues se marchó poco antes
a una nueva parroquia. Me acuerdo verlo llegar por el camino de Castilfrio con
caminar ligero y airoso sobre todo los
días de fiesta con su sotana y su manteo nuevo. Los niños corríamos a recibirle
pues siempre nos obsequiaba con algún caramelo. Es posible que durante la época
de la guerra llegara a vivir en La Estepa.
Era el encargado de decir la misa
pero el rezo del rosario y las novenas se lo encomendaba al sacristán. Todo el
mundo le apreciaba en el pueblo quizá porque sus sermones incluían el humor que
nos hacía reír a todos. Los sermones del día de la fiesta debían ser
interesantes porque la familia los comentaba durante la comida con los
invitadosa. También recuerdo las misas de los domingo en el verano.
Todo el mundo acudía a la misa dominical pero los hombres en el coro se
quedaban dormidos, seguramente debido al cansancio acumulado después de realizar
las duras labores del campo. Don Lorenzo nunca se lo recriminó.
Su casa en Castilfrio era una
casona muy bonita y grande y un huerto con frutales. No se me olvidan los
membrillos tan enormes que a veces regalaba a mi madre. Muchos años después, recorriendo
con mi marido las Tierras de Burgos, pasamos por Cabezón, que creo que era el
pueblo donde había nacido, y por Hacinas donde estaba enterrado. Pregunté si
sabían donde descansaba Don Lorenzo y me indicaron una tumba que tenía una
sencilla cruz de madera.
Al pueblo también venía el
Secretario que ayudaba al alcalde a realizar las gestiones y llevar los papeles
del Ayuntamiento. Yo me acuerdo de Don Enrique pues venía algunas veces a casa
por ser mi padre corresponsal. Tambien vivía en Castilfrío.
De vez en cuando venía al pueblo
un señor vestido con traje negro y camisa blanca y que casi siempre coincidía con
los días que había habido alguna muerte. Imagino que era una especie de notario
o juez y la verdad es que yo, aunque era pequeña, no le tenía ninguna simpatía.
Otras personas que se acercaban al
pueblo desde el cuartel de Ausejo eran los guardias civiles. Ausejo era un pueblo más grande que La Estepa y por eso allí había un cuartel de la Guardia Civil
en el que vivían los guardias y sus familias. Venían andando y a
veces a caballo con su característico traje verde, capa y tricornio. Mi amiga y
yo les teníamos tanto miedo que a veces nos llegamos a esconder debajo de la
cama cuando sabíamos que andaban por el pueblo. A pesar del respeto que como niñas les teníamos con ellos nos sentíamos más seguros. Informaban de la gente extraña
que pasaba por allí, vigilaban a los cazadores furtivos y poco más porque en mi
pueblo la gente era pacífica.
Como todos los
servicios, este también desapareció de Tierras Altas. Luego les seguirían los
médicos, los veterinarios, los secretarios, los maestros, los jóvenes, los
viejos, los pastores, los vaqueros... hasta hoy que ya no queda casi nada
Además de todos los mencionados en este post,
los maestros eran imprescindibles y de ellos quiero escribir un capítulo
aparte.
Continuara…..

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