En el post anterior hablé de algunas personas que, por desempeñar determinados oficios relacionados con el el servicio público, visitaban
La Estepa de San Juan. Hoy quiero recordar
algunos otros visitantes que también venían en razón de su oficio: los vendedores ambulantes. En lugares como mi pueblo eran esenciales para los
vecinos porque no había comercios. Hoy lo siguen siendo también... y me gustaría que esta entrada de mi blog sirva de homenaje y agradecimiento a todos los que desempeñan esta profesión.
La Estepa de San Juan era un pueblo pequeño, pero bullicioso.
Se escuchaban desde las primeras horas de la mañana cientos
de ruidos que quedaron en mi memoria: el toque de campanas, los charloteos de las mujeres
que iban con el cántaro a la fuente, el ruido del agua, los gritos de los niños,
el balar de las
ovejas, el tintineo de los cencerros de las vacas, el toque del cuerno del
vaquero avisando de que tenían que soltar el ganado o el ajetreo de los hombres y
animales que iban a hacer las labores del campo.
Este alboroto se multiplicaba cuando llegaban al pueblo los
tenderos....
El Gordo venía en un camión. Al Gordo, a los Gordos, porque
eran varios hermanos, se les llamaba así por su corpulencia, sin que nunca se
molestasen por el apodo. Venían regularmente a la Estepa. Vendía varios
productos. Su mercancía principal era el aceite que traían de la zona de
Aragón. Lo almacenaban en grandes odres y daba gusto ver tan preciado líquido caer
como una cascada dorada a las medidas de litro o medio litro, que a su vez iban
a parar a la aceitera o a las garrafas que las mujeres llevaban de su casa
(¿Mucho más respetuoso con el medio ambiente que ahora, verdad?).
También vendían vino. Lo traían en grandes pellejos. Usaban
un embudo de aluminio para traspasarlo a las botellas de las clientas (¡mujeres!, ya que los hombres nunca iban a comprar). En vísperas de las fiestas también
ofrecían otras clases de licores, como el anís en bonitas botellas, el vino
rancio, el coñac o el aguardiente.
Los panes de jabón también figuraban entre sus mercancías. Pero
lo más curioso de este tendero era la forma de pago: se utilizaba el trueque. Las
compradoras llevaban todos los huevos que haban
puesto sus gallinas y a cambio se abastecían de los productos
anteriormente mencionados.
El Topo de Ausejo también venía desde su pueblo (Ausejo) donde
tenía una tienda. Traía en su camioneta
un sinfín de productos: aceite, fruta, legumbres, escabeches y sobre todo un
excelente café.
Desde Ventosa, el pueblo de mi padre, venía el
Juan, al principio en un carro y luego ya en un camión pequeño. Era el
tendero que nos visitaba con más frecuencia y acostumbraba a acompañarle un
hijo que se llamaba, creo, José María, aproximadamente de mi edad y que murió
muy joven.
Primero en caballería, luego en carro y más tarde en camión, la venta ambulante ha llegado hasta el siglo XXI. Foto de un pueblo de Burgos
El Rata de Soria vendía toda clase de ropa para el hogar, mantas, colchas, piezas de tela para hacer las sábanas, retales para hacer la ropa a los hombres, tejido lisos, de colores para elaborar los vestidos de diario y de fiesta para las mujeres y los niños, calcetines, lanas, hilos... Toda tipo de cosas que queráis imaginar.
Las mujeres de La
Estepa cosían de todo y muy bien, por cierto. Se
ayudaban entre ellas y además hacían punto, ganchillo, bordaban y sobre todo, en
aquella época remendaban, echaban piezas y adaptaban la ropa de los mayores para los pequeños. ¡También esto era mucho más respetuoso con el medio
ambiente!
La venta ambulante rural en camión, 2020. Foto de Dos Santo publicada en el Diario de Valladolid
Los fruteros venían con camiones y como paraban en el
Campoalto, a la entrada del pueblo, solían mandar a los niños a pregonar su llegada a cambio de
una propina o algunas piezas de frutas.
Las mujeres compraban tomates en cantidad. Con ellos hacían
conservas que metían en botellas y les duraban todo el año. Adquirían pimientos y
guindillas que colgaban en los balcones en rastras y que pasaban del color
verde brillante al rojo intenso.Todavía me parece que lo estoy admirando.
Continuará con el trapero, los alañadores, los gaiteros y algunos más....


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