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domingo, 30 de agosto de 2020

Los otros (casi vecinos): Los lañadores y otros (3ª parte)

En un post anterior hablé de los vendedores ambulantes que visitaban La Estepa de San Juan, en Soria. Añado aquí algunos otros oficios y otros visiantes que venían períodicamte al pueblo. 

Me gustaban en particular los lañadores porque me parecía cosa de magas o de brujas como unían uno de esos platos decorados tan bonitos que se habían roto o las tinajas o los morteros, las cazuelas, el puchero o los tazones, las jarras o cualquier utensilio de barro. Le ponían una laña, que era una especie de grapa de hierro o de cobre y los dejaban como nuevos para volverlos a utilizar, aunque ya con estas marcas.


Plato de barro lañado
Plato de barro con varias lañas


 

Los estañadores arreglaban vasijas de hoja de lata, sobre todo baldes y calderos, muy utilizados para lavar la ropa, acarrear el agua para personas y animales. Algunos de esos objetos aun existen conservados en las casas de los pueblos.


 
 Estañador, foto de https://osmonegros.com/2015/06/11/oficios-desaparecidos-iv-estanador-y-paraguero/

Estos oficios artesanos ha desaparecido porque ¿quién se pone hoy a arreglar un cacharro? Por suerte, aun conservo un plato lañado o alañado. He visto en internet platos o vasijas lañadas que ahora se han convertido en un objeto de cierto valor que se compra y vende. El mío no lo vendería ¡ni por todo el oro del mundo!

Un par de veces al año escuchábamos gritar: ¡Se afilan cuchillos, tijeras… navajas…! Eran los afiladores, que generalmente provenían de Galicia. También gallegos eran los que venían en bicicleta a vender dedales, puntillas, lazos, pasacintas, ganchillos, pañuelos, tijeras y toda clase de objetos y adornos que eran utilizadas en la costura. Todo lo traían en una caja de madera y a mi me parecía imposible que en ella cupieran tantas y tantas casas.

Dando gritos llegaba el trapero y los cacharreros que compraban toda clase de cacharros y cosas viejas, ropa y muebles pequeños. Al mismo tiempo, ellos vendían platos, cazuelas, tazas, vasos, cosas del hogar e incluso chuchearías. Quizá nos desprendimos entonces de objetos que ahora tendrían gran valor...

En carromatos venían los gitanos que en aquella época era nómadas A los pequeños nos impresionaban muchos sus vestidos largos y de colorines, los pendientes y los anillos de las mujeres. Eran tratantes de ganado, vendían cacharros, telas, hacían cestas y nos contaban historias de sus andanzas por los caminos. Si acampaban en el pueblo varios días, los niños se incorporaban a la escuela.

Y "los pobres..."  En La Estepa había un lugar al que llamábamos "el chozo de los pobres". Por su simple existencia parece que, entonces como hoy, dábamos por descontado que la pobreza era un fenómeno que convivía con nosotros. Estas personas con muy, muy pocos recursos llegaban al pueblo periódicamente y casi siempre eran los mismos. Pedían por las casas y se les proveía de ropa y comida. Dormían en el chozo de los pobres que estaba a la entrada del pueblo y cuando hacía demasiado frío se les daba acomodo en algún pajar.

Cuando salíamos de la escuela, los niños nos acercábamos su "casa", si así se le podía llamar, y les acompañábamos un buen rato. La iluminaban a veces con algún candil pero normalmente lo hacía con "sebo" que les había propocionado algún vecino. El sebo era la grasa de animales y desprendía un olor característico que hoy nos parecería un poco desagradable. 

Nos contaban historias de sus andanzas y, de repente, sin avisar a nadie desaparecían hasta la próxima vez. 

Para no dejaros con este recuerdo triste quiero contaros que en las fiestas de septiembre venían los gaiteros procedentes de San Pedro Manrique. Amenizaban con su música el baile de la tarde, hacían los pasacalles por todo el pueblo y tocaban el himno nacional durante consagración en las misas con las que entonces se celebraban todas las fiestas.

Continuará....