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domingo, 30 de diciembre de 2018

Casas y vecinos de Estepa de San Juan antes de la despoblación




Hoy las casas están cerradas y los vecinos ya se han ido. 

Aunque pensándolo bien, nadie se va si alguien le recuerda y al menos yo llevaré a los vecinos de la Estepa de San Juan siempre conmigo. Hoy me gustaría recordar a algunos de ellos a quienes conocí desde niña.

Empezaré por la parte alta del pueblo, por el llamado Camino de Cuellar. Junto a las eras estaba la casa de Antonio. Su mujer se llamaba Ascensión y era de Ventosa. Tardaron en irse del pueblo. Tenían cuatro hijos Mari Carmen, Carmelo, Elisa y Magdalena. Siempre que iba al pueblo era la primera persona y a veces la única que me encontraba…. Pero un día ya no estaba. Ese día fue cuando comprendí que aquello estaba acabando.

También estaba la casa de Benito y su mujer, Paca. Pasaban poco tiempo en el pueblo pues él era secretario. Murieron ya hace más de 50 años tuvieron familia numerosa. No sé si me acordaré de todos los nombres: Victorina, Dominica, Faustina, Justo, Domiciano, Félix y Esteban. Todos marcharon fuera del pueblo menos sus dos hijas Vitorina y Dominica. Domiciana estaba en el pueblo de una manera intermitente. Escribía unas preciosas poesías; no sé lo que habrá sido de ellas.

La casa de al lado estaba ocupada por Vitorina y su marido Casto, que era de Cuellar. Es una casa muy grande y con escudo, pues había pertenecido algún rico ganadero de la Mesta. Sus hijos Felisa, Julia, Victorino y Pilar también emigraron  y, qué casualidad, algún biznieto ha llegado a ser alumno mío. Tengo el recuerdo de Casto en las crudas mañanas de invierno cubierto con su hongarina cuando bajaba con sus animales camino de la dehesa.

Llegamos a la escuela y nos encontramos con la casa del Tío Pedro, casado con Práxedes, nacida también en el pueblo. También familia numerosa. Inés, Adoración, Evaristo, Marivi, Palmira, Tomás  Epifanio y Ventura. Vivían en una casa pequeña pero muy acogedora, luego se cambiaron a la casa del cura que era muy grande y con el pequeño jardín donde la tía Práxedes cuidaba de sus rosales.

En la Calle de en Medio (prácticamente la única del pueblo), estaba la casa de Enrique y Matilde. En este caso los dos habían nacido allí. Al lado estaba la casa de Basilisa (yo nunca la conocí habitada). Matilde tenía allí un precioso jardín. De sus hijos Rufino, Ovidio, Flora y Rosa me acuerdo especialmente de esta última, pues era de mi edad más o menos y murió muy joven

Cerca de la anterior estaba la casa de Damiana, casada con Agustín de Torre Arévalo. Era una casa con un corral muy grande y me acuerdo del pequeño huerto en el que crecía un enorme manzano. Ahora y sin que se entere nadie lo digo: mi amiga y yo cuando todo el mundo estaba en las eras trepábamos al árbol y robábamos una de esas apetecibles manzanas. Sus hijos Julián, Liria y Amelia conservan la casona. Un hijo de más o menos mi edad murió de pequeño, se llamaba, creo, José María. En la casa vivía con la familia Lucía una hermana de Damiana, mujer entrañable. Recuerdo especialmente a Damiana con  mi madre en el horno, pues les tocaba la vez de cocer el pan el mismo día a las dos familias y la costumbre que tenía esta buena vecina era que cuando terminaba de dar el aceite a las deliciosas tortas, lo que quedaba en sus manos lo aplicaba a mi pelo para que quedara sedoso….

Casi enfrente estaba la casa de Florencio casado primero con María que debió morir muy joven y con la que tenía un hijo, Saturnino, que junto con mi tío Isidoro, al que se le murió el padre muy pronto, se fueron desde muy jovencitos a Sevilla. Casó mas tarde con Isabel y su hijo Jesús también se marchó muy joven. Su hijo Eusebio permaneció más tiempo en el pueblo, pero al final, como todos, también emigró. La casa de Florencio es a la primera que llegó el primer medio de comunicación sonoro: la radio.

Un día de Carnaval en el que los mozos y mozas se habían ido a pedir la gallofa a otros pueblos cercanos llegó de Soria un señor alto y flaco con una enorme caja en su coche. El hombre flaco se llamaba Vicen Vila y en la caja llevaba algo que a mi amiga y a mi nos hizo pensar…  llegó a la casa, abrió la caja, saco un aparato y con un cordón de plástico lo unió en la pared a una cosita redonda que previamente había colocado y ¡OH! Sorpresa. Allí dentro debía haber alguien escondido que hablaba y cantaba. Disimuladamente dábamos la vuelta a la silla por si descubríamos a alguien  que hiciera esas maravillas… y nos fuimos a casa sin haber descubierto nada de nada. Quién me iba a decir que hoy estaría metida en facebook o tendría un blog. Todo eso vino mucho después…

Y bajando la calle del camino de Castilfrio llegamos a la casa más querida para mí, la casa de mi abuela Juliana. Un día hablaré de ella pues recuerdo nítidamente cada rincón de la casa, la majada, el corral, el pequeño huertecillo. Tantos son mis recuerdos de ella que no cabrían en un gran libro, pero os contaré los más bellos que tengo de ella.

Mi abuelo murió cuando mi madre tenía cinco años y volvió a casarse con mi segundo abuelo, Crisofro, del que guardo preciosos recuerdos a pesar que murió cuando yo tenía 7 añitos.

Además de su hermano Isidoro, mi madre tuvo otras dos hermanas de mi segundo abuelo: Remedios y Amparo. Amparo se casó con el tío Felipe de Arévalo y sus hijas María Ángeles y Rosario se fueron jóvenes a Barcelona. Mi prima Angelines, bueno casi mi hermana, era mi compañera de juegos en casa de la abuela…. Y ya se ha ido también…. La tía Remedios se casó con Manolo de Fuentelsaz. Todavía me acuerdo de su boda en casa de la abuela. Sus hijos son Laureano y Pilar y voy a nombrar a su nieto que es un gran músico que llegará lejos.

Al lado estaba la casa del Plácido y de Trine que tuvieron tres hijos Conce, Teresa y Jesús. En esta casa con el nacimiento de Teresa asistí al último bautizo que recuerdo en el pueblo y la verdad es que no tuvimos que cantar aquello de bautizo..."si cojo al chiquillo lo tiro al tejao,..." porque fue verdaderamente esplendido.

Con Plácido tuve contacto casi hasta el final de sus días pues fue a vivir a mi pueblo adoptivo donde todo el mundo lo quería por su bondad. La casa de Trine ya no existe. En su lugar hay un coqueto chalet.

Y al lado está la casa del tío Patricio de Narros, casado con Higinia y con familia numerosa Laurentino, Dionisio, Faustino, Avelino, José mi amigo de la infancia, Marta y Felisa. Me acuerdo de Laurentino que trabajaba en la “mina” y que quizá fuera el primer “mozo” que marchó del pueblo.

Y si damos la vuelta por el camino de la dehesa y allí encontramos la casa de Benito casado con  Felipa de Ventosa. Era un matrimonio simpático y bueno. Con el tío Benito la relación era de familia, de siempre lo conocí cuidando las ovejas de mi padre, abuelos y tíos y por ello presente en todas las matanzas y fiestas de la familia. En el portal de su casa estaba el cuartel general de la “espera” de las ovejas que venían por la Calle Sendero o por el camino de La Fuente Vieja. Allí se contaban las noticias, si es que las había, del pueblo y de los alrededores. Los niños nos portábamos muy bien pues la reunión la presidía Camilo que con el movimiento de su garrocha nos invitaba a estar calladitos. Sus hijos Manolo y Eugenio marcharon jóvenes, pero Ricardo permaneció mucho tiempó, fundo su familia con Julia de Ventosa y gracias a sus dos hijos el pueblo sigue” abierto”.

Todavía algún resto del Juego Pelota que fue durante años el lugar no solo en el que se practicaba este juego, además allí se jugaba a la tanguilla, los niños a la pelota, a las canicas, a la comba… y en las fiestas el pueblo se bailaba. En estos bailes tocaba “la gran orquesta” formada por los músicos de que venían de San Pedro. Cerca del Juego Pelota estaba la casa de Camilo, el de la garrocha y su mujer Eduvigis. Tenía dos hijos, Matilde y Saturio. Este último vivía en Barcelona y la tía Eduvigis viajaba a verle a menudo y venía peinada con la “permanente” pues creo que su nuera era peluquera y a todos nos parecía muy moderna y guapa.

En la fachada de la casa crecía una parra y cosa extraña en nuestro clima las  uvas maduraban y no quiero delatar a nadie, pero yo sé quien las acababa “vendimiando”

Al lado estaba la casa de Vitor y de la Cirila. Cirila estaba muy sorda pero era una buenísima mujer. Mi amiga y yo pasábamos muchos ratos con ella y nos contaba muchas historias. Sus hijos fueron María, Petra y Carlos. Todos también emigraron, primero Petra hacia el Levante. Como había mucha amistad entre esta familia y la mía, cuando ella venía al pueblo me tría unos pequeños porrones o botijos de cerámica valenciana con dibujos de barracas y llenos de anisillos. Todavía creo se conservo alguno en casa, como también conservo aun la fotografía de su primer hijo. Pero no los he vuelto a ver. Fue también el primer matrimonio que se fue del pueblo siendo yo niña. Y conservo nítidamente en mí mente, a pesar del tiempo trascurrido, como fue la despedida.

Era un día de carnaval pues me acuerdo que había baile y las mozas llevaban pañuelos muy bonitos y en algún momento se hizo el silencio. Vitor, muy solemne él, se subió a su casa y desde la ventana se despidió de los vecinos, pues había decidido irse a Barcelona con sus hijos… No quiero recordar las tristeza que invadió a todos incluidos los más pequeños pues se intuía lo que inexorablemente era  la primera despedida pero no la última.

Y al lado de la fuente estaba la casa de Saturio y de Engracia. Es una casa muy grande. Engracia era hija German que era viudo de Juliana. Me acuerdo de éste porque murió cuando yo tenía unos cinco años y recuerdo ir a acompañar a mi madre a dar el pésame a su familia y se me quedó grabado en mi memoria el cuadro que había en la cabecera de la cama. Los hijos de Germán creo que eran Constantino, Engracia, Trini, Santiago, Herminia, Juan que debió de morir joven y Regina que era monja y que yo creo que no conocí. Con ellos vivía Pura que cuidó siempre de los hijos de German, que era una mujer buena y trabajadora.

Saturio y Engracia tuvieron varios hijos María Jesús, Germán, Lorenzo y José Maria, este último es uno de los que también mantiene de momento el pueblo abierto. Gracias por ello.

Y al lado de la Plaza y la fuente, la casa de Jacinto y Saturnina, mis padres Y que decir de ellos…. Buenos, trabajadores en exceso y amantes como todos en el pueblo de la cultura y del porvenir de sus hijos. Gracias a ellos y a los demás vecinos porque fueron ejemplo para todos sus descendientes, pues a pesar del frío, de la aridez y  de la pobreza de la tierra fueron ejemplo con su abnegado trabajo para sacar a todos los jóvenes adelante. Un recuerdo lleno de amor para ellos.

La casa de Nicanora e Isidro al que yo no conocí, también esta cerca de la fuente. Nicanora tenía tres hijos Nicanor, Carlos e Isabel. Los dos primeros se fueron a Sevilla y recuerdo los veranos que veían las hijas de Carlos, Mari Carmen, Pilar y Reyes y al son de una gramola bailaban sevillanas. Isabel casó con Nemesio. Sus hijos fueron Aurora, Rosi, Pilar, Marina, Isidra, Isabel, Tere e Isidro. Isabel vivió durante cien años y es de las personas que más tiempo resistió en el pueblo.

Y al lado de mi casa estaba la casa del tío Santiago. Su mujer debió de morir muy joven. Tenía tres hijos Asunción, que fue la que más tiempo vivió en el pueblo, Rosario y Marcelino. Era una casa que por su buena situación le daba mucho el sol y allí se juntaban las vecinas a coser incluso en los días fríos del invierno.

Hacia la carretera estaban las casas de Benito y Felipa. De sus hijos Aureliana, Luisa Emiliana, Felipe y Paquita, me acuerdo especialmente de Felipe porque era el sacristán. A Felipe le acompañábamos los niños a tocar las campanas. Acompañarlo a la torre de la iglesia nos pareció siempre un privilegio. Tocaba las campañas tres veces al día: al alba, al medio día y por la noche, el Ángelus.  Todavía recuerdo por la noche cuando tocaba  a la oración las gentes con gran respeto se arrodillaban, los hombres se quitaban la gorra y los niños admirábamos el silencio. De esto hace solo setenta años
Como a Felipe le ayudábamos a rezar el rosario, en Navidad nos premiaba con el aguinaldo. También me acuerdo de Paquita, que murió muy jovencita, cantaba muy bien y nos enseñaba bellas melodías

Al lado estaba la casa de Eulalio y Dominica. Era un poco mi casa pues en ella vivía mi amiga y como allí eran muchos hermanos no me tenía que invitar para quedarme incluso a dormir. Me acuerdo especialmente de Amador que se fue muy Joven, de Amor que nos enseñaba a rezar, de Eulalia, Virginia, Benito, Paco, Josefina y dejo para el final a mi amiga del alma, María Jesús.

Mi amiga era la compañera de correrías, de ir a coger moras, endrinas, bizcobas, de trepar por los árboles para ver que había en los nidos, pero nunca los estropeábamos, de imaginarnos fantasmas que venían por el camino de Valtajeros, de invitarnos a las matanzas, esquilos y toda clase de celebraciones en cada una de nuestras casas, de ir a “robar” ciruelas, manzanas, y los brotes de la berza en las huertas, de buscar makuqueles en la dehesa y también de  enfadarnos de tal manera que nos jurábamos odio eterno, eternidad que no duraba mas de cinco minutos.

También buscábamos caracoles, hacíamos obras de arte con las hojas de las acacias, vestíamos las muñecas de trapo porque nunca tuvimos de las otras. Y miles de recuerdos más que en mi mente figuran como si fueran de ayer.

Y cerca de la iglesia la casa de Vitoria que vivió muchos años en Sevilla casada con Ignacio. Tuvieron un hijo, Laureano, que estuvo en la división azul, murió muy joven. Su novia se llamaba Eloísa y a ella debo mi nombre.

Al lado estaba la casa de Vitoriana casada con Bienvenido. Emigraron muy pronto a Bilbao y más tarde a Sevilla. Sus hijos eran Pepe, Venancio y Nati. De ellos me acuerdo aunque yo era muy pequeña. Lo pasábamos muy bien en las celebraciones en la casa de los abuelos de Ventosa.

Creo que no me olvidado de nadie……Y desde aquí a los que ya no están y a los que andan repartidos en los más diversos lugares les envío un abrazo muy fuerte.