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sábado, 6 de febrero de 2016



Las quitameriendas



Flor quitameriendas

Las quitameriendas eran unas flores que aparecían en nuestro pueblo. Aunque eran más abundantes en los ribazos de las eras, cubrían casi todo el campo. Las quitameriendas son pequeñas plantas bulbosas que florecen a últimos del verano. Son flores solitarias, de seis pétalos con un color entre azulado y violeta, que destacaban entre la hierba ya reseca del verano. Se conocían también por otros nombres como “alzameriendas”, “merendera de monte” o “merendera loca”.

Yo no sé si cuando aparecían las quitameriendas era obligatorio suprimir la comida de la tarde. Creo más bien que las horas de luz iban disminuyendo y las meriendas tardías se sustituían por las cenas tempranas.

Sea como fuere, es cierto que la gente se recogía antes en casa. Después de la faena de verano, las eras casi se quedaban desiertas a finales de agosto porque el grano ya estaba en el somero y la paja en el pajar.

Para que esto sucediera, las familias enteras, desde el abuelo a los nietos más pequeños, todos habían hecho su trabajo correspondiente. En aquella época, los niños resultábamos fundamentales en las tareas de la era. No consideramos ese trabajo como una explotación y mucho menos nos crearon ningún trauma pues disfrutábamos muchísimo.

En el mes de julio, casi siempre después del esquileo de las ovejas, se empezaban a recoger los primeros productos del campo, que en mi pueblo eran las lentejas y los yeros, que molidos o no iban a convertirse en el mejor alimentos de los animales durante el invierno. Este molido se llamaba afrecho.

Su recolección era costosa y difícil, pues se arrancaban las plantas con las manos. Muchas veces crecían cardos junto a las plantas y las pobres manos que los arrancaban terminaban llenas de pinchos. Y no digo nada si además se cruzaban por su camino las uñas de gato…





Uñas de gato


Se recogían en montones o gavillas y se dejaban en las piezas (en las fincas de cada uno)  hasta que se terminaran de secar. Había que ir de vez en cuando a darle vuelta con la horca. Cuando estaban ya del todo secas se acarreaban las gavillas en la yegua hasta la era a ambos lados de las artolas y atadas fuertemente con una soga, se extendían sobre el solar y se trillaban en muy poquito tiempo pues los tallos eran cortos y el grano se desprendía fácilmente de las vainas. A la “paja” se le daba el nombre de graznas y también se les echaba a los animales.


Acarreando


Antes de entrar de lleno en las tareas veraniegas, os diré que en junio se recogía la hierba de los prados la cual se segaba con el dalle, que era una hoz muy grande. Antes de empezar la siega, el hombre de la casa sentado en el corral la afilaba con “la piedra” y el “martillo”, ¡cualquiera se acercaba a ellos!

El olor a heno de la hierba segada aún permanece en mis recuerdos. Esta hierba se colocaba en hileras, se daba vuelta de vez en cuando ¡y que no lloviera! Cuando estaba a punto, se llevaba a un pajar en lenzuelos (especie de sábanas grandes cuadradas con cuatro  picos atados con cuerdas en las esquinas) y eran transportadas por las personas sujetándoselas a la cabeza con una cincha.

El día de Santiago era la última fiesta solemne antes de comenzar las faenas en las “piezas” y en las “eras”. En la pequeña placita del pueblo se situaban los peones o “piones”, con sus alforjas o atillos, que habiendo terminado sus faenas en La Rioja venían a ofrecer su ayuda para la recogida de las mieses. Casi siempre eran los mismos y por eso algunos se consideraban ya de la familia. Se les pagaba un salario, se les daba una buena comida y normalmente dormían en el pajar.





Paisaje, al fondo “lo de Castilfrio”

La comida para los trabajadores del campo era abundante y casi terminaba con las costillas, los lomos y los chorizos de la olla. Se degustaba además tortilla de patatas, pisto o mejor dicho patatas fritas con cebolla y tomate, torreznos y caretas fritas, pan de hogaza, legumbres, verduras como vainillas, repollo o lechugas que eran las única que se criaban en las huertas y si venían “el Juan de Ventosa” o “el Topo de Ausejo” se añadían algunas latas de conservas. Los hombres que comenzaban su trabajo antes de salir el sol tomaban un “buchito” de aguardiente (sería para coger fuerza).

Las mujeres permanecían en casa un ratito más, recogiéndola, haciendo la comida hasta  que escuchaban el cuerno del vaquero porque aunque el ganado vacuno se quedaba a dormir en la “dehesa” (desde junio hasta que comenzaba el frío), siempre quedaba algún animal en casa.

Y los pastores recogían las ovejas para llevárselas al campo y entre los ladridos de sus perros, el balido de las ovejas, los cencerros y mugidos de las vacas y los gritos de las personas, mi pueblo se llenaba de vida. Faltaban las risas y el parloteo de los niños que con un poco de suerte no se habían despertado.

Las mujeres cerraban las puertas y ventanas de las casa para que al regresar al mediodía estuvieran fresquitas. Se llevaban el desayuno y “el toma pan” como un tentempié de media mañana.

Los niños teníamos nuestras tareas. Las madres nos dejaban una lista con los productos que teníamos que comprar al Juan que cuando yo era muy pequeña venía primero en un macho, luego en un carro y más tarde ya en una camioneta y también al Topo. Caso aparte era El Gordo que se llamaba así por sus kilos, yo nunca supe cual era su nombre
El Gordo vendía aceite en sus vasijas enormes y que daba gusto verlo caer cuando las medía con su litro de latón para echarla en nuestra aceiteras, jabón, bebidas, sobre todo vino que traía en pellejos (eran más o menos como los de Don QUIJOTE que pinchó con su espada creyendo que eran sus enemigos), y algún otro producto que ya no me acuerdo.

Pero lo que me llamaba la atención es que no se pagaba con dinero, sino que se utilizaba el trueque como en tiempos de los fenicios

¿A que no sabéis cual era el trueque? Ni más ni menos que los huevos de nuestras gallinas rojas, negras, doradas, marrones…….que eran las dueñas de las calles, prados y las eras y que venían a casa ellas solitas a no ser que se divisara por el camino de Castilfrio algún carromato sospechoso y todas las vecinas salían a buscarlas y a encerrarlas en su corral…….. Pues si el Gordo nos cambiaba los huevos por sus productos…

Y me viene a la memoria uno de los peores momentos que me pasó un verano con una gallina y sus polluelos. Mi madre, una tarde que yo no tenía que ir a la pieza a dar manadas, me encargó que cuidara de ellos……pero de pronto apareció en los cielos con sus enormes alas desplegadas, un águila, buitre o que se yo……….
Y sin casi enterarme se volvió volando con su pequeña presa… no tengo que decir que no había pañuelos en casa para secarme las lágrimas, ni nadie que pudiera consolarme de la pérdida de uno de mis pollitos.

Me he desviado un poco de la historia que iba a contaros, pero vuelvo a ella inmediatamente.

El padre de familia se iba con sus piones al campo y empezaban la siega de la mies que se colocaba en manadas (un montón de espigas con las cabezas para un lado y otro montón con las cañas para otro). Cuado había muchas manadas se juntaban, cuatro, cinco y se formaban haces atándoles con el bálago de trigo o centeno, anudado y al que se había quitado el grano de las espigas, golpeando sobre una piedra. Con el garrotillo se hacía un nudo muy original. El garrotillo era una pieza de madera corta y curvada que los hombres llevaban en la cintura. Los fajos se amontonaban en fascales en forma de pirámide truncada y allí se dejaban hasta que llegaban los días del acarreo. Su sombra cobijaba el botijo y la merienda. Y  así con todos los cereales, cebada temprana, trigo, cebada tardía, avena y centeno.     

La siega no estaba exenta de accidentes, picaduras de mosquitos, cortes con las hoces, aunque la mano izquierda la mas vulnerable se protegía con la zoqueta que era una especie de zueco, el peligro de encontrar alguna víbora o culebra (aunque yo no recuerdo ningún accidente de este tipo), las quemaduras del sol aunque ya el rostro estuviese bien curtido, pero aún así las mujeres se cubrían la cara, tapándose hasta casi los ojos.


 
La hoz y la zoqueta para proteger la mano

Os voy a contar algunas anécdotas que podían ocurrir en verano y os dejaré descansar, antes de daros la lata con la segunda parte  “Las quitameriendas”.

El botijo se guardaba a la sombra del fascal o si en la pieza había río, se metía en el agua para refrescar la vasija. Se tapaban ambos orificios del botijo, pues alguna vez se había metido una culebra.

Alguna vez cuando se acarreaba la mies y se descargaba en la era también se colaba alguna serpiente entre los haces y lo mas curioso es que el acarreador había venido sentado en ellos. ¡Me pasó a mi montada en el carro viniendo una vez de un pieza en “lo de Castilfrio” (ahora diríamos “de Castilfrio”)!

Otra vez me mandaron a por agua cuando segaban en una tierra cerca de las “Paretillas”. Al llegar a un a pequeña fuentecilla  me encontré a una de mis anteriores amigas dándose un baño en el agua. Al oírme se escondió tranquilamente y yo llené mi botijo.

En mi pueblo en las riberas de los tres “ríos”, había muchos chopos  y en el verano, no si sería por eso, caían muchos rayos. Pero uno de estos rayos me impactó tanto que hasta llego a influir en mi vida. El abuelo estaba enfermo y la abuela llevó la comida a los “piones”. Estaban segando en “El Mirón” debajo de el Puerto de Oncala y muy cerquita de los árboles del río, llegó la abuela al paraje y los segadores habían preparado un “chozo” con los haces  para protegerse de la tormenta, pues los truenos rugían por el Puerto y los relámpagos iluminaban  la oscuridad que producía la tormenta.
Los peones se preparaban para comer allí, pero la abuela con un sexto sentido, casi les obligó a marchar  hacia un cobijo cerca de la Portera del Parcollao. .No habían entrado en  su  dicho chozo cuando un ruido atronador y una luz cegadora los estremeció. ¡Había caído un rayo! justamente donde se encontraron las hoces a las que destrozó y los fajos a los que quemó! ¡ Desde entonces creo en los milagros!

Hasta no hace muchos años  aún permanecía el recuerdo en un chopo desgajado y negro que el rayo había quemado.


CONTINUARÁ….